Cuando se habla de la edad de oro de Los Simpson, el nombre de Jay Kogen aparece una y otra vez. Guionista de algunos de los episodios más recordados de la serie, Kogen fue testigo directo del nacimiento del fenómeno y ayudó a definir ese equilibrio entre sátira, corazón y locura que convirtió a la familia amarilla en un icono mundial.
En una reciente charla en el podcast Pop Culture Retro, Kogen repasó su carrera y dejó una buena colección de anécdotas centradas en Los Simpson. Podéis ver la charla aquí mismo y a continuación repasamos todo lo que contó sobre la serie.
De un “relleno animado” a serie propia
Para Kogen, lo primero que hay que entender es que nadie vio venir el fenómeno.
Los Simpson nacieron como unos breves interludios animados dentro de The Tracey Ullman Show. Eran pequeñas piezas entre sketch y sketch, un añadido simpático pero, en apariencia, menor. Según cuenta Kogen, absolutamente todo el equipo se sorprendió cuando esas viñetas familiares empezaron a despertar tanto interés entre el público.
Ahí entra en escena James L. Brooks. Al ver la reacción de la audiencia, decidió enseñar los cortos a Barry Diller y plantear seriamente la posibilidad de convertirlos en una serie. La cadena ofreció distintas fórmulas: primero un simple piloto, luego cuatro episodios… pero Brooks insistió en que no tenía sentido hacer menos de 13.
La lógica era clara:
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Con un solo episodio, la serie corría el riesgo de no encontrar aún su tono.
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Con cuatro, era fácil que se cancelara antes de poder ajustarse.
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Con trece, había margen para experimentar, corregir y descubrir qué funcionaba realmente.
Finalmente, aceptaron el plan de Brooks y encargaron una temporada completa de 13 capítulos. El resto es historia… pero una historia que, según reconoce Kogen, estuvo muy cerca de no arrancar.
El truco maestro: emitir primero el especial de Navidad
Una de las decisiones más importantes de esos comienzos fue el orden de emisión. Kogen explica que la primera tanda de 13 episodios producidos fue un proceso de prueba y error continuo. Se estaba ajustando todo: escritura, animación, ritmo, tono de comedia, tratamiento de los personajes…
En ese grupo había un episodio especial, el capítulo de Navidad («Sin blanca Navidad» / «Simpsons Roasting on an Open Fire»), que fue el séptimo en producirse, pero el primero en emitirse.
Según Kogen, fue en ese episodio cuando el equipo empezó a entender de verdad qué era la serie:
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La familia estaba mejor definida.
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El equilibrio entre emoción y sátira funcionaba.
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Visualmente, la animación comenzaba a consolidarse.
Él lo dice sin rodeos: si la cadena hubiera emitido el primer episodio producido en lugar del especial navideño, es muy probable que el público no hubiera conectado con la serie. El “truco” de arrancar con el capítulo de Navidad fue clave para lanzar Los Simpson con buen pie.

“Bart el temerario”: el episodio del que más orgulloso está
Entre todos los guiones que Kogen ha firmado a lo largo de su carrera, hay uno que destaca de forma especial: «Bart, el temerario» («Bart the Daredevil»). El propio Kogen lo reconoce como uno de sus trabajos favoritos.
Comenta que, cuando le piden que enseñe algo de lo que se siente especialmente orgulloso, suele escoger dos piezas:
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una película que dirigió, y
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este episodio de Los Simpson.
Para él, «Bart el temerario» encapsula perfectamente lo que quería hacer en la serie:
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Humor físico y exagerado (el mítico salto de Bart en el desfiladero de Springfield y el posterior “viaje” de Homer en camilla).
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Un corazón muy claro: la relación entre Homer y Bart, la preocupación del padre frente a la inconsciencia del hijo.
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Ese equilibrio tan característico entre lo absurdo y lo emocional que definió la edad dorada de la serie.
No entra en detalles técnicos sobre la escritura, pero el simple hecho de que sea el episodio que elige como carta de presentación cuando le piden mostrar su mejor trabajo habla por sí solo.

Cómo nació La casa-árbol del terror
Otro de los grandes legados de Kogen en Los Simpson es la creación de los especiales de «La casa-árbol del terror» (Treehouse of Horror). Y aquí cuenta una historia muy jugosa sobre cómo surgió la idea y por qué, al principio, no todo el mundo estaba convencido.
La semilla la plantó Matt Groening:
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Groening propuso hacer un episodio en el que los niños contaran historias de miedo en la casa del árbol.
A partir de ahí, Kogen y su compañero Wally Wolodarsky cogieron el concepto y lo llevaron más lejos:
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No solo querían que los niños relataran las historias, sino que el espectador las viera animadas, con plena libertad visual y narrativa.
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Eso abría la puerta a parodias, terror, ciencia ficción y todo tipo de locuras que, dentro de la continuidad habitual de la serie, podían resultar demasiado extremas.
Kogen explica que al principio hubo bastante resistencia interna:
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La filosofía inicial de la serie era que el público percibiera Los Simpson como una sitcom familiar “real”, con emociones auténticas y situaciones relativamente verosímiles, pese a ser dibujos animados.
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Un especial como La casa-árbol del terror, cargado de parodias, violencia fantástica y elementos sobrenaturales, iba en contra de ese planteamiento.
Aun así, la idea salió adelante… y no solo funcionó, sino que se convirtió en una tradición anual. Kogen habla de estos especiales como algo “fantástico” que se ha mantenido año tras año, y lo hace con el orgullo de quien sabe que estuvo allí cuando todo empezó.

La libertad de la animación: “escribe lo que imagines”
Comparando su experiencia en The Tracey Ullman Show con lo que vivió en Los Simpson, Kogen subraya una diferencia fundamental: las limitaciones de producción.
En el programa de Tracy Ullman, al escribir sketches tenían normas muy rígidas:
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De 7 a 10 páginas.
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Un solo decorado.
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Cuatro actores como máximo.
Todo estaba pensado para simplificar rodajes y abaratar costes.
Cuando pasa a Los Simpson, de repente se encuentra con que puede escribir cualquier cosa:
Una escena minúscula en Brasil,
la siguiente en París,
y luego un estadio de fútbol lleno…
y todo dentro del mismo episodio.
La animación permitía saltar de un lugar a otro sin las restricciones físicas y económicas de la imagen real. Según Kogen, la única limitación real pasaba a ser:
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si la idea era graciosa,
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si tenía sentido para la historia,
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y lo que diera de sí la imaginación del guionista.
Es una descripción muy clara de por qué Los Simpson pudieron ser, desde el principio, una serie más ambiciosa y expansiva que muchas comedias de imagen real de su época.

Ahorro, voces y representación: el lado menos bonito
Kogen también habla de un aspecto más incómodo: cómo se ahorraba dinero en la serie a costa de la diversidad del reparto de voces.
Explica que el equipo contaba con cuatro o cinco actores principales que interpretaban a multitud de personajes secundarios. Eso suponía un ahorro enorme para la producción: en lugar de contratar docenas de actores, unas pocas personas cubrían casi todo.
Con el tiempo, sin embargo, esto derivó en un problema evidente:
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En pantalla aparecían personajes de muy distintos orígenes, profesiones y contextos…
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…pero muchos de ellos estaban interpretados por las mismas pocas voces, que no siempre compartían el perfil del personaje.
Kogen reconoce esa falta de representación y lo resume con ironía: en su propia “defensa”, dice, la razón fue la codicia, el deseo de ahorrar costes.

Phil Hartman: el “hombre de mil voces” que en realidad hacía dos
Uno de los nombres que más cariño despiertan en los recuerdos de Kogen es el de Phil Hartman, actor clave en la época dorada de la serie.
Kogen lo conocía de The Groundlings, la famosa compañía de comedia de Los Ángeles. Lo describe como una mezcla extraña y entrañable:
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una especie de Jack Benny, pero con alma de hippie surfista.
Cuenta que fue Sam Simon quien propuso llevar a Hartman a Los Simpson, convencido de que era “un hombre de mil voces”. Pero Kogen matiza el mito con humor:
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Según él, Phil Hartman no hacía realmente mil voces distintas, sino “dos”, y que prácticamente todas sonaban a Phil con pequeñas variaciones.
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Lo que lo hacía especial no era un catálogo infinito de timbres, sino lo divertidísimo que era y el nivel de compromiso con cualquier personaje que interpretara.
En Los Simpson, Hartman dio vida, entre otros, a:
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Lionel Hutz, el abogado más incompetente de Springfield.
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Troy McClure, el actor de segunda con sus inolvidables “Tal vez me recuerden de…”.
Kogen deja claro que, aunque las voces fueran reconocibles, la energía cómica de Hartman bastaba para que cada personaje funcionara por sí mismo.

Conan O’Brien: del despacho de guionista al late night
Otro nombre mítico que aparece en los recuerdos de Kogen en la sala de guionistas de Los Simpson es Conan O’Brien.
Kogen comenta que Conan llegó a la serie después de él. Coincidieron el tiempo suficiente como para que Jay fuera, en cierto modo, quien le ayudó a instalarse:
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Le consiguió el ordenador.
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Le ayudó a montarse en su despacho.
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Y, en tono medio de broma, lo recibió con un clásico “vas a llegar lejos, chaval”.
Lo que nadie esperaba entonces es que ese “chaval” acabaría convirtiéndose en uno de los grandes presentadores de la televisión estadounidense. Kogen reconoce que fue una sorpresa mayúscula:
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Conan no venía del stand-up clásico,
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no era el perfil típico de presentador de late night,
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y no era, ni de lejos, el candidato evidente para suceder a David Letterman.
Pero, añade, Conan es brillantísimo, muy trabajador y, con el tiempo, aprendió a entrevistar y a construir su propio estilo, hasta convertirse en una referencia para una nueva generación… y todo eso, en parte, arrancó en aquella sala de guionistas de Los Simpson.

“Seguir siendo buenos”: la mirada actual de Kogen sobre la serie
Aunque la conversación del podcast se centra más en los años clásicos, Kogen aprovecha para lanzar un mensaje claro: Los Simpson siguen siendo buenos.
Comenta que, incluso hoy, hay episodios muy divertidos y que, pese a los cambios de tono y generación, la serie mantiene un nivel que él valora mucho. Describe haber trabajado en Los Simpson como algo comparable a:
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estar a bordo de “Star Wars”,
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una especie de cohete cultural gigante donde todo el mundo conoce el trabajo que haces.
También sitúa a Los Simpson al lado de otros grandes hitos del humor satírico como Mad Magazine o Saturday Night Live: productos que, si no has llegado a ver en determinada época, sientes que te has perdido una pieza importante de la cultura popular.
Un testimonio desde dentro de la edad de oro
Escuchar a Jay Kogen hablar de Los Simpson es asomarse a la cocina de la serie en sus años más influyentes: desde el momento en que eran solo un experimento dentro de The Tracey Ullman Show, pasando por la decisión estratégica de arrancar con el especial de Navidad, la libertad creativa de escribir sin límites para la animación, la creación de «La casa-árbol del terror», y hasta el trabajo con figuras como Phil Hartman y Conan O’Brien.
Kogen mira atrás con una mezcla de orgullo, humor y cierta incredulidad: nadie esperaba que aquellos cortos se convirtieran en un fenómeno que, décadas después, seguiría en antena y marcando a generaciones enteras.
Y, para los fans de Los Simpson, sus recuerdos son un recordatorio perfecto de por qué nos enamoramos de la serie: porque detrás de cada gag, de cada parodia y de cada escena emotiva había guionistas como él, empeñados en llevar la animación un paso más allá y en tratar a una familia amarilla como si fuera la familia más real del mundo.