En una extensa conversación en el podcast WTF with Marc Maron (episodio 1684, publicado el 6 de octubre de 2025), Matt Groening repasó el origen de Homer Simpson, la misión emocional que dio forma a la serie, la influencia de su Portland natal y las claves que han permitido a la familia de Springfield mantenerse viva durante casi cuatro décadas.
Podéis escuchar este episodio del podcast en las habituales plataformas de audio o en su propia página web haciendo clic aquí. Y a continuación repasamos las declaraciones más destacables de Groening:
Un documental de PBS y el nacimiento de Homer
Matt Groening reveló algo que nunca había contado: la verdadera inspiración para crear a Homer Simpson.
“Homer nació de un documental de 1982 de PBS llamado Family Business. Seguía a un tipo con una pizzería que se hundía. Era un hombre dulce, apaleado por la vida. Quise escribir sobre eso. De ahí salió Homer.”
Lejos del cliché del padre torpe o del simple antihéroe, Groening describió a Homer como una figura trágica disfrazada de comedia, un hombre corriente que intenta ser bueno en un mundo que no siempre se lo permite. Ese fue, según él, el punto de partida emocional que dio forma a toda la serie.
La misión emocional de Los Simpson
Groening recuerda que James L. Brooks, el productor ejecutivo que le abrió las puertas de la televisión, dejó clara su prioridad desde el principio:
“Su misión era lograr que la gente olvidara que estaba viendo un dibujo animado y sintiera emoción real.”
Esa búsqueda de humanidad se convirtió en el sello de la serie. Los Simpson podía ser crítica social, sátira política o parodia cultural, pero siempre con un corazón reconocible.
“Sarcasmo, sí —resume Groening—, pero sostenido por compasión. Si no hay empatía, el chiste se queda vacío.”
De los conejos de Life in Hell al comedor de Springfield
Antes de Springfield, Groening había convertido sus frustraciones en Los Ángeles en un cómic underground llamado Life in Hell, protagonizado por conejos existencialistas.
“La hostilidad te lleva hasta cierto punto. Un día convertí a Binky en víctima y a la gente le encantó. Descubrí que la vulnerabilidad conectaba más que la rabia.”
Cuando Brooks le pidió material para The Tracey Ullman Show, Groening improvisó a una familia inspirada en la suya. “No quería entregar mis conejos”, bromea, “así que dibujé a Homer, Marge, Bart, Lisa y Maggie en cinco minutos”.
Aquellos bocetos trazados a mano alzada se convirtieron en el embrión de una revolución televisiva.

15 segundos para hacerse memorables
Los primeros cortos de The Tracey Ullman Show duraban apenas cuatro fragmentos de quince segundos. “Era todo lo que teníamos —explica Groening—, así que necesitábamos que el público recordara el caos”.
El animador David Silverman fijó las reglas visuales básicas: proporciones, expresividad y los famosos diez picos del pelo de Bart.
“No había tiempo para sutilezas —dice Groening—. Por eso Homer estrangula a Bart: en quince segundos, había que mostrar energía y conflicto.”
Ese tono acelerado, caótico y entrañable se convirtió en el sello de la serie cuando, en 1989, Fox decidió apostar por un episodio completo.
Sam Simon y la tensión creativa que forjó un clásico
Groening recuerda con respeto y cierta melancolía a Sam Simon, el showrunner original:
“Era brillante, divertido y un poco cínico. Durante los primeros 13 episodios repetía: ‘13 y fuera’. No creía que fuéramos a durar más.”
Esa mezcla de talento y escepticismo se convirtió en un motor interno. Simon estructuró la sala de guionistas, reclutando nombres como Conan O’Brien, Greg Daniels, John Swartzwelder o David X. Cohen, que acabarían marcando el rumbo de la comedia moderna.
“Su cinismo era lógico —añade Groening—. No había animación en horario estelar desde hacía 25 años. Pero su exigencia hizo que todo fuera mejor.”

“¿Te pondrás tu cosa azul con las cosas?”
Groening comparte con Maron varias anécdotas sobre los primeros roces con la censura. Una de las más recordadas involucra una línea de Homer a Marge:
“Homer le dice: ‘Esta noche, ¿te pondrás esa cosa azul con cosas?’. La cadena quiso eliminarlo, aunque no sabía explicar por qué. Al final lo dejamos.”
Ese tipo de pequeñas victorias ayudó a Los Simpson a ampliar los límites del humor televisivo sin dejar de ser una serie “para toda la familia”.
Las voces que dieron vida a Springfield
El reparto original se definió casi por casualidad:
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Nancy Cartwright audicionó para Lisa, pero su voz rebelde la convirtió en Bart.
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Yeardley Smith hizo la prueba para Bart y terminó siendo Lisa.
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Dan Castellaneta y Julie Kavner, ambos de The Tracey Ullman Show, asumieron los papeles de Homer y Marge.
“Desde el primer día supe que las voces eran el alma del show”, afirma Groening. “El guion puede cambiar, pero la voz de Homer siempre te devuelve a casa.”

Portland, el mapa oculto de Springfield
Groening confirma que buena parte de la geografía de Springfield procede de Portland (Oregón), la ciudad donde creció.
“Usé nombres de calles de mi infancia: Lovejoy, Kearney, Flanders… Trabajé lavando platos en el Kearney Care Center, y de ahí salió el nombre.”
Ese vínculo con lo cotidiano explica por qué Springfield, a pesar de sus absurdos, se siente tan real: es una versión exagerada de cualquier ciudad americana… pero con alma de barrio.
Una cantera irrepetible de guionistas
La entrevista dedica también tiempo a los escritores que pasaron por la serie, que Groening calcula en unos 142 nombres.
“Nunca hubo otro equipo igual. Todos traían su estilo, y en animación puedes hacer cualquier cosa con un chiste.”
Esa libertad formal convirtió a Los Simpson en un laboratorio de experimentación narrativa. Parodias, metaepisodios, musicales, homenajes al cine… todo cabía bajo el mismo techo.

800 episodios y la lucha contra la repetición
Con más de 800 episodios en el horizonte, Groening admite lo evidente:
“Es imposible no repetirse alguna vez.”
Pero añade que la clave para mantenerse vigente está en la elasticidad del formato.
“La serie puede ser sátira política, drama familiar o locura surrealista según el día. Esa flexibilidad es lo que la mantiene viva.”
Maron le pregunta si siente el peso del legado. Groening se ríe:
“Lo pienso cuando alguien me dice que su hijo de diez años ve Los Simpson y que él también lo veía con su padre. Tres generaciones. Eso es una locura.”
Influencias, música y mirada artística
Durante la charla, Groening habla de sus influencias: los cómics underground de Robert Crumb, Art Spiegelman o Gary Panter; las fotografías de Diane Arbus, Richard Avedon y Vivian Maier; y su pasión por la música experimental de Frank Zappa, Captain Beefheart o John Cage.
“Todos ellos me enseñaron que podías ser raro y sincero al mismo tiempo.”
También recomienda el documental Which Way Home (HBO), sobre niños migrantes centroamericanos:
“Es el documental más desgarrador que he visto. Cambiaría la mente de cualquiera que carezca de empatía.”
Ese tipo de sensibilidad, dice, sigue filtrándose en Los Simpson cada vez que un episodio decide mirar el mundo con ternura en lugar de cinismo.
Groening hoy: entre Los Simpson, Futurama y su familia numerosa
En el tramo final de la entrevista, Groening habla de su rutina actual, repartida entre Los Simpson, Futurama y su familia —tiene diez hijos, incluidos dos pares de mellizos—.
“Paso más tiempo con mis hijos que en el estudio. Pero sigo yendo a las grabaciones. No he perdido el gusto por ver cómo una línea escrita cobra vida.”
También asegura que no siente la necesidad de “cerrar” Los Simpson:
“Mientras haya algo que decir y un público que quiera escucharlo, seguiremos. Hay demasiada gente brillante todavía ahí dentro.”
El secreto: empatía y resistencia
Casi al final, Groening sintetiza todo lo que lleva décadas intentando contar:
“La gente conecta con el perdedor entrañable, no con el triunfador cínico. Eso lo aprendí hace mucho. Y creo que Los Simpson siguen vivos por eso.”

La conversación con Marc Maron deja claro que, detrás de los cientos de gags, referencias y cameos, Los Simpson siempre ha sido una historia sobre la dignidad de fracasar con humor.
Groening no habla como un creador nostálgico, sino como alguien que sigue fascinado por la comedia como herramienta de empatía.
Y quizás por eso, 36 años después, Homer, Marge, Bart, Lisa y Maggie siguen siendo mucho más que dibujos animados: son el espejo deformado, pero reconocible, de todos nosotros.