Publicado en CinemaBlend recientemente, el texto “My 9-Year-Old Daughter Started Watching The Simpsons, And She Loves It. Here’s Why I’m Overjoyed (But Also A Little Worried)” ha despertado el interés de muchos fans adultos de Los Simpson, especialmente aquellos que hoy comparten su afición con sus propios hijos.
Su autor, el periodista Rich Knight, cuenta cómo su hija de nueve años ha empezado a ver la serie gracias a Disney+ y cómo esta experiencia, en principio entrañable, le genera también ciertas inquietudes. Desde Actualidad Simpson, recogemos su testimonio como punto de partida para una reflexión más amplia: ¿qué supone ver Los Simpson en familia en pleno 2025?
Un fenómeno intergeneracional
No es nuevo decir que Los Simpson es una serie que ha acompañado a varias generaciones. Pero lo interesante del artículo de Knight es que no se centra en la nostalgia, sino en la transmisión. Él no solo comparte con su hija un producto televisivo que marcó su infancia; también descubre, a través de ella, nuevas formas de leer la serie.
Su hija no se obsesiona con Bart, como sí ocurría en plena fiebre del “Bartman” en los años noventa. A ella le fascina Ned Flanders, se interesa por los dilemas morales de Lisa y plantea preguntas incisivas sobre temas que, como espectadores adultos, a menudo pasamos por alto o naturalizamos. Este cambio de enfoque pone de relieve algo esencial: Los Simpson no es solo una comedia, sino un espejo de la sociedad que invita —y siempre ha invitado— al pensamiento crítico.
¿Es Los Simpson una serie para niños?
Knight plantea una duda que muchos padres se han hecho alguna vez: ¿es adecuado que un niño de nueve años vea Los Simpson? Él mismo admite que, aunque la serie formó parte de su infancia, muchos de los chistes más subidos de tono o las tramas adultas le pasaban desapercibidos. Su hija, en cambio, lo capta casi todo… o al menos, lo suficiente como para hacer preguntas incómodas.
Aquí entra en juego una característica esencial de la serie: su doble lectura. Desde sus inicios, Los Simpson ha sabido hablar a públicos distintos a la vez. Niños y adolescentes la disfrutaban por su humor visual y sus personajes rebeldes; los adultos, por su sátira y sus referencias culturales. Lo que cambia en la actualidad no es tanto el contenido, sino el acceso. Hoy, un niño puede ver diez temporadas seguidas en una semana. Y eso abre nuevas dinámicas.
Humor, historia y educación
Uno de los puntos más interesantes del artículo es el valor educativo que Knight atribuye a Los Simpson. Más allá de su humor, la serie es también una cápsula cultural. Permite explicar qué fue el escándalo Watergate, cómo eran las campañas electorales de los años 90, o quién era Paul McCartney. La cultura popular y la historia reciente se entrelazan en cada temporada, y eso convierte a Los Simpson en una herramienta inesperada —pero efectiva— para enseñar.
Claro que ese aprendizaje viene con sus riesgos. Como bien señala el autor, su hija ahora quiere ver otras series de animación “para adultos”, como Family Guy, y ahí el terreno ya no es tan seguro. La línea entre lo que puede compartirse en familia y lo que no, se vuelve más difícil de trazar.
¿Qué aprendemos de todo esto?
El artículo de Knight no es solo una anécdota personal, sino un buen ejemplo de cómo ha cambiado la relación entre padres, hijos y cultura audiovisual. Los Simpson, lejos de ser una “serie del pasado”, sigue viva, relevante y capaz de generar debate. La clave está en el acompañamiento: ver la serie junto a los más jóvenes, comentar lo que ocurre en pantalla, contextualizar referencias y, por supuesto, no tener miedo a hablar de los temas difíciles.
Después de más de 35 años en emisión, Los Simpson sigue siendo una ventana al mundo. Y quizás ahora, más que nunca, necesitamos mirar por esa ventana junto a quienes acaban de empezar a asomarse.
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